sábado, 4 de octubre de 2014

¿Por qué mi Universidad Libre no puede ser una "Pequeña Colombia"?

Siempre trataré de ser un poco breve con todo lo concerniente a mi opinión sobre un tema específico, por ende buscaré la forma más sencilla y breve de explicarles mi visión acerca de la Universidad Libre, sus corrientes y movimientos.

Primero, hay que empezar recordando lo siguiente: "Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de República unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto de la dignidad humada, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la prevalencia del interés general". Es cierto que estas palabras se incumplen casi totalmente en un estado en el cual existe una gran variedad de culturas, ambientes, paisajes y sobre todo de pensamientos y corrientes, unas dominantes y otras amenazadas. Algo parecido sucede en la Universidad Libre, mi universidad.

Ella, por razones obvias, ha sido víctima o beneficiada del pensamiento dominante de estos tiempos en nuestro país, un pensamiento e ideología que viene de muchos años atrás, el cual consiste en correr detrás del poder sin importar hasta qué punto se caiga moralmente en la consecución de este, y unas vez alcanzado lo deseado, burlarse de aquellas personas que te han elegido e instalar una celda invisible en sus mentes para que no puedan pensar más allá. Decides usarlos, lavarles las mentes...

Eso mismo pasa, primero, con las altas directivas de mi Universidad Libre y, también, con algunas personas, un "grupo selecto" que dice "pensar" más allá, pero que en realidad siempre tratan de ayudar a los que están arriba a burlarse de sus clientes, en este caso nosotros como estudiantes de una entidad privada. Este grupo de personas no son más que unos estudiantes, como tú y como yo, pero con la diferencia de que ellos están a favor de lo que yo llamaría un crimen, un desfalco... Una violación a un derecho fundamental.

¿Por qué hacen esto? Son claras sus intenciones, es curioso verlos en sus "no campañas", "liderando" paros y "representando estudiantes" y darse cuenta que simplemente actúan para convencer forzosamente a sus otros compañeros de que ellos son líderes natos y transparentes. Política a fuego, son unos artistas, realmente aplaudo la gallardía que tienen de caer tan bajo, todo con tal de también llegar al poder y a posiciones políticas.

Es aquí cuando entra mi teoría: Nuestra Universidad Libre no puede pretender ser una pequeña Colombia; primero por su filosofía y visión, luego porque fuera de ser nuestra alma mater, es una entidad prestadora de servicios, no es una entidad territorial y mucho menos, hablando en un sentido más abstracto, una representación de lo que para muchos de nosotros es el Estado Colombiano. Con esto quiero decir que la Universidad Libre tiene que ser saneada de fondo, tiene que comportarse como lo que es y regirse por lo que dice el artículo 67 de la Carta Política, tiene que entender que está bajo una posición dominante, la cual es nuestra ley positiva de mayor importancia y valor.

Ahora, querido lector, compañero, hermano de matrícula y Unilibrista de corazón, te digo que tenemos un derecho adquirido, el cual no nos lo están brindando con calidad y suficiente atención. Abre los ojos, estamos frente a algo serio, no estamos peleando ni buscando ganar poder con política, estamos exigiendo lo que hemos adquirido por derecho. Mentalízate, aclara tu mente y tu perspectiva, rompe las cadenas, los vendajes y atrévete a salir de la caverna que enunció Platón en el libro VII de "La República" y tendrás verdad, poder y potestad para exigir un cambio.

Personalmente, nunca estaría en contra del sistema; y de estarlo, no lo demostraría ya que es la única forma de progresar en este mundo, eso en nuestro país Colombia. Pero al ver como un Derecho Fundamental del cual soy titular por ser ciudadano de este país (en este caso la Educación) se ve vulnerado y burlado por parte de personas y funcionarios, que son humanos y que tienen obligaciones claras contigo y conmigo, que trabajan para mí y para ti, simplemente me causa impotencia e indignación.

Por último, debo decir que me causa un gran dolor ver a nuestros propios compañeros y hermanos de matrícula separados y poco unidos. Las ideas de paro y cambio no pueden venir de unos Pseudo-Políticos, tienen que venir directamente de nosotros los estudiantes y clientes. Abramos los ojos juntos y tomados de las manos limpiemos nuestra Universidad, tenemos que exigir nuestro derecho como estudiantes, como un núcleo autónomo… No como blancas ovejas lideradas por lobos hambrientos.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Gobierno Estudiantil en la Universidad Libre de Barranquilla

Por: Yuliana Negrete

Venimos a las universidades privadas por muchas razones, especialmente porque la prensa amarillista colombiana nos ha llevado la idea de que las públicas siempre están en paro. Ingresamos entonces a universidades privadas que nos ofrecen como servicio el derecho a la educación superior en unas supuestas mejores condiciones de calidad, pero, ¿qué pasa cuando no encontramos esa calidad que buscábamos en un servicio privado? ¿Qué pasa cuando nos sentimos tratados como en una universidad pública?

Al interior de las universidades privadas, sobre todo aquellas universidades emergentes y de prestigio, padecemos los estudiantes violaciones a nuestros derechos, pareciendo no tener defensa ante la mala prestación del servicio educativo debido a las malas gestiones administrativas y si por casualidad nos surge un cuestionamiento sobre la dicha gestión, la respuesta macondiana de sus autoridades será: “Si no te gusta este restaurante, puedes escoger otro de tu gusto”.

¿Qué es la educación  superior para Colombia? ¿Qué  es la educación superior para el mundo? ¿Qué les interesa a las universidades privadas en Colombia? ¿Cuál es la finalidad de la universidad privada en Colombia? Y, por otro lado, ¿Para qué el sentido de pertenencia que estos mismos claustros universitarios procuran a través de cátedras universitarias e himnos? ¿Para vender el servicio?

Me niego a pensar, aún en este mundo capitalista, que el interés de una universidad privada sea lucrativa y que su finalidad sea suprimir el pensamiento crítico. Me niego a pensar que la educación profesional es solo un servicio  destinado a asesinar este tipo de pensamiento, me niego a pensarlo porque informo, entre otras cosas, que no logró su cometido conmigo y por el contrario despertó en mí un sentido social de mi profesión, el sentido de servir a la sociedad y de eso como de mi formación académica  e integral estoy infinitamente agradecida y orgullosa.

Es claro, pues, que no se salvan las universidades privadas de los fenómenos sociales colombianos: un sistema capitalista de producción,  la economía mercantilista, la educación superior profesional tomada como servicio y no como derecho, la gestión administrativa controlada por partidos politicos y, en pocas palabras, la corrupción. Precisamente estos fenómenos nos proporcionan a los estudiantes de las universidades privadas un pensamiento crítico, una formación integral. Esta universidad salvó mi vida y no dejaré que las gestiones administrativas nómadas me convenzan de pensamientos contrarios a los de sus fundadores.

Hay dos orillas en la Universidad Libre de Barranquilla: Por un lado los aprobantes, silentes e indiferentes a favor de la administración incondicionalmente; y por el otro, la orilla difícil, la orilla de la persecución, la orilla de lo justo, la orilla de aquellos que soñamos ilusamente con hacer parte realmente de la universidad que, a través de una cátedra unilibrista, nos sembró sentido de pertenencia. Aquellos que creemos en la meritocracia, aquellos que no queremos criticar sino construir, aquellos que queremos visibilizar las problemáticas y convertirnos en parte de su solución, aquellos que estamos a favor de la institucionalidad y de la academia, aquellos a quienes nos importa, más que un buen nombre universitario, una calidad de formación profesional y social, acorde a la cantidad que pagamos.

Año tras año, ya después de cuatro, veo aun, con mucha tristeza, que algunos de mis compañeros viajan de una orilla a la otra (siguiendo, por supuesto, los principios de “El Príncipe” de Maquiavelo), todo por tomar un sorbo del vino institucional a través de la representación estudiantil, o mejor dicho, la farsa de representación estudiantil. No puedo más que referirme con pesar al absurdo fenómeno electoral que  transcurre año tras año al interior de universidades privadas como la mía, donde estudiantes –en formación ciudadana también– observan atónitos como con su voto regalan becas, viajes, congresos, reconocimientos y privilegios a estudiantes que comienzan a reproducir –como lo llama una gran amiga– “La Pequeña Colombia” al interior de los claustros universitarios.

El gobierno estudiantil en mi universidad a lo largo de mi carrera ha sido el palancazo para que algunos de mis compañeros interesados en los  cargos políticos ingresen a logias y a partidos. El gobierno estudiantil de mi universidad ha sido la oportunidad para desperdiciar administrativamente recursos en sufragar elecciones de estudiantes que, según los reglamentos unilibristas, no tienen la obligación de rendirnos cuenta de su gestión, mientras que que se codean con las altas directivas. Estudiantes que no nos garantizan el cumplimiento de sus planes de gobierno y, lo que es peor, a quienes no podemos revocar de sus puestos si nos percatamos de que no representan nuestros intereses, toda vez que no consagra el reglamento estudiantil más que una sola causal absurda para la procedencia de esa figura electoral, pudiendo entonces revocar mas fácilmente al Presidente de la República que a un representante estudiantil en la Unilibre.

“Yo no te daré mi voto, yo no. Yo no te regalare una beca ni una maestría. Yo no, yo ya me cansé.”

Así pues, yo no elegiré más representantes que no representen mis intereses, velaré por salvar la representación estudiantil por verdaderos líderes, aquellos que no tengan intereses personales, que no se vendan a la administración, aquellos fuertes cuyo único respaldo sean las masas, que no se conformen con becas, maestrías o empleos, aquellos que piensen en el país, en la sociedad, en el ciudadano que se está formando en esta universidad, que piensen en el ciudadano apático, el incrédulo e indiferente a los procesos políticos que se forma siendo partícipe de esta cultura electoral, el ciudadano que no vuelve a votar en el período electoral nacional ni local después de haber fracasado en su elección en nuestra “Pequeña Colombia”.

Yo creo que hay verdaderos líderes, académicos y sociales, personas con criterio, con formación personal, profesional e integral,  grandes líderes que merecen nuestra admiración, respeto y confianza, aquellos que no buscan protagonismo sino que se lo ganan, aquellos que ven en nuestras sillas universitarias al ser humano y no a los $5.000.000.00 que representan, aquellos que conocen realmente su responsabilidad social y la ejecutan con dignidad y honestidad. Me opongo, pues, al hecho de que en la universidad privada, así como en Colombia, quien conozca sus derechos sea a quien le han sido violentados.

Por esa razón, invito a la comunidad unilibrista a no ser más víctimas, a ser proyectores de la cultura de la transparencia, a informarnos de nuestros derechos, a conocer los reglamentos, a luchar por reformarlos, a seguir ejecutando acciones en pro de la universidad, alejando el sano debate del ámbito interpersonal, en el diálogo académico, respetando y tolerando la diferencia, prohibiendo el sectarismo tanto como la persecución. ¿Por qué todo esto? Porque la educación superior en Colombia no es un servicio cualquiera, es un servicio público en manos de particulares sobre los cuales el Gobierno Nacional  debe ejercer vigilancia especial y porque además los profesionales formados integralmente consideramos que es un DERECHO FUNDAMENTAL.

Rechazamos rotundamente la burocracia y los partidos políticos en nuestra alma mater, que viva el debate académico e institucional, que viva la voz de los estudiantes unidos por una causa justa en las universidades privadas, al interior de las cuales los estudiantes también  tenemos derechos. Convoco por eso a los estudiantes de las universidades privadas  a unirnos por nuestros derechos, a desestigmatizar a las universidades públicas, porque desde que aprendí que en una universidad privada tengo que manifestarme y hacer paro de igual manera que en las públicas para solucionar una problemática, entendí que lo que ha hecho la prensa amarillista es alejarnos a los estudiantes de universidades privadas de las públicas para tratarnos como usuarios de un servicio y no como titulares de un derecho.


Unidos somos más, la universidad pública o privada es, ante todo, Universidad, es educación superior, es más que un servicio público, ES UN DERECHO FUNDAMENTAL.