lunes, 29 de septiembre de 2014

Gobierno Estudiantil en la Universidad Libre de Barranquilla

Por: Yuliana Negrete

Venimos a las universidades privadas por muchas razones, especialmente porque la prensa amarillista colombiana nos ha llevado la idea de que las públicas siempre están en paro. Ingresamos entonces a universidades privadas que nos ofrecen como servicio el derecho a la educación superior en unas supuestas mejores condiciones de calidad, pero, ¿qué pasa cuando no encontramos esa calidad que buscábamos en un servicio privado? ¿Qué pasa cuando nos sentimos tratados como en una universidad pública?

Al interior de las universidades privadas, sobre todo aquellas universidades emergentes y de prestigio, padecemos los estudiantes violaciones a nuestros derechos, pareciendo no tener defensa ante la mala prestación del servicio educativo debido a las malas gestiones administrativas y si por casualidad nos surge un cuestionamiento sobre la dicha gestión, la respuesta macondiana de sus autoridades será: “Si no te gusta este restaurante, puedes escoger otro de tu gusto”.

¿Qué es la educación  superior para Colombia? ¿Qué  es la educación superior para el mundo? ¿Qué les interesa a las universidades privadas en Colombia? ¿Cuál es la finalidad de la universidad privada en Colombia? Y, por otro lado, ¿Para qué el sentido de pertenencia que estos mismos claustros universitarios procuran a través de cátedras universitarias e himnos? ¿Para vender el servicio?

Me niego a pensar, aún en este mundo capitalista, que el interés de una universidad privada sea lucrativa y que su finalidad sea suprimir el pensamiento crítico. Me niego a pensar que la educación profesional es solo un servicio  destinado a asesinar este tipo de pensamiento, me niego a pensarlo porque informo, entre otras cosas, que no logró su cometido conmigo y por el contrario despertó en mí un sentido social de mi profesión, el sentido de servir a la sociedad y de eso como de mi formación académica  e integral estoy infinitamente agradecida y orgullosa.

Es claro, pues, que no se salvan las universidades privadas de los fenómenos sociales colombianos: un sistema capitalista de producción,  la economía mercantilista, la educación superior profesional tomada como servicio y no como derecho, la gestión administrativa controlada por partidos politicos y, en pocas palabras, la corrupción. Precisamente estos fenómenos nos proporcionan a los estudiantes de las universidades privadas un pensamiento crítico, una formación integral. Esta universidad salvó mi vida y no dejaré que las gestiones administrativas nómadas me convenzan de pensamientos contrarios a los de sus fundadores.

Hay dos orillas en la Universidad Libre de Barranquilla: Por un lado los aprobantes, silentes e indiferentes a favor de la administración incondicionalmente; y por el otro, la orilla difícil, la orilla de la persecución, la orilla de lo justo, la orilla de aquellos que soñamos ilusamente con hacer parte realmente de la universidad que, a través de una cátedra unilibrista, nos sembró sentido de pertenencia. Aquellos que creemos en la meritocracia, aquellos que no queremos criticar sino construir, aquellos que queremos visibilizar las problemáticas y convertirnos en parte de su solución, aquellos que estamos a favor de la institucionalidad y de la academia, aquellos a quienes nos importa, más que un buen nombre universitario, una calidad de formación profesional y social, acorde a la cantidad que pagamos.

Año tras año, ya después de cuatro, veo aun, con mucha tristeza, que algunos de mis compañeros viajan de una orilla a la otra (siguiendo, por supuesto, los principios de “El Príncipe” de Maquiavelo), todo por tomar un sorbo del vino institucional a través de la representación estudiantil, o mejor dicho, la farsa de representación estudiantil. No puedo más que referirme con pesar al absurdo fenómeno electoral que  transcurre año tras año al interior de universidades privadas como la mía, donde estudiantes –en formación ciudadana también– observan atónitos como con su voto regalan becas, viajes, congresos, reconocimientos y privilegios a estudiantes que comienzan a reproducir –como lo llama una gran amiga– “La Pequeña Colombia” al interior de los claustros universitarios.

El gobierno estudiantil en mi universidad a lo largo de mi carrera ha sido el palancazo para que algunos de mis compañeros interesados en los  cargos políticos ingresen a logias y a partidos. El gobierno estudiantil de mi universidad ha sido la oportunidad para desperdiciar administrativamente recursos en sufragar elecciones de estudiantes que, según los reglamentos unilibristas, no tienen la obligación de rendirnos cuenta de su gestión, mientras que que se codean con las altas directivas. Estudiantes que no nos garantizan el cumplimiento de sus planes de gobierno y, lo que es peor, a quienes no podemos revocar de sus puestos si nos percatamos de que no representan nuestros intereses, toda vez que no consagra el reglamento estudiantil más que una sola causal absurda para la procedencia de esa figura electoral, pudiendo entonces revocar mas fácilmente al Presidente de la República que a un representante estudiantil en la Unilibre.

“Yo no te daré mi voto, yo no. Yo no te regalare una beca ni una maestría. Yo no, yo ya me cansé.”

Así pues, yo no elegiré más representantes que no representen mis intereses, velaré por salvar la representación estudiantil por verdaderos líderes, aquellos que no tengan intereses personales, que no se vendan a la administración, aquellos fuertes cuyo único respaldo sean las masas, que no se conformen con becas, maestrías o empleos, aquellos que piensen en el país, en la sociedad, en el ciudadano que se está formando en esta universidad, que piensen en el ciudadano apático, el incrédulo e indiferente a los procesos políticos que se forma siendo partícipe de esta cultura electoral, el ciudadano que no vuelve a votar en el período electoral nacional ni local después de haber fracasado en su elección en nuestra “Pequeña Colombia”.

Yo creo que hay verdaderos líderes, académicos y sociales, personas con criterio, con formación personal, profesional e integral,  grandes líderes que merecen nuestra admiración, respeto y confianza, aquellos que no buscan protagonismo sino que se lo ganan, aquellos que ven en nuestras sillas universitarias al ser humano y no a los $5.000.000.00 que representan, aquellos que conocen realmente su responsabilidad social y la ejecutan con dignidad y honestidad. Me opongo, pues, al hecho de que en la universidad privada, así como en Colombia, quien conozca sus derechos sea a quien le han sido violentados.

Por esa razón, invito a la comunidad unilibrista a no ser más víctimas, a ser proyectores de la cultura de la transparencia, a informarnos de nuestros derechos, a conocer los reglamentos, a luchar por reformarlos, a seguir ejecutando acciones en pro de la universidad, alejando el sano debate del ámbito interpersonal, en el diálogo académico, respetando y tolerando la diferencia, prohibiendo el sectarismo tanto como la persecución. ¿Por qué todo esto? Porque la educación superior en Colombia no es un servicio cualquiera, es un servicio público en manos de particulares sobre los cuales el Gobierno Nacional  debe ejercer vigilancia especial y porque además los profesionales formados integralmente consideramos que es un DERECHO FUNDAMENTAL.

Rechazamos rotundamente la burocracia y los partidos políticos en nuestra alma mater, que viva el debate académico e institucional, que viva la voz de los estudiantes unidos por una causa justa en las universidades privadas, al interior de las cuales los estudiantes también  tenemos derechos. Convoco por eso a los estudiantes de las universidades privadas  a unirnos por nuestros derechos, a desestigmatizar a las universidades públicas, porque desde que aprendí que en una universidad privada tengo que manifestarme y hacer paro de igual manera que en las públicas para solucionar una problemática, entendí que lo que ha hecho la prensa amarillista es alejarnos a los estudiantes de universidades privadas de las públicas para tratarnos como usuarios de un servicio y no como titulares de un derecho.


Unidos somos más, la universidad pública o privada es, ante todo, Universidad, es educación superior, es más que un servicio público, ES UN DERECHO FUNDAMENTAL.

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